Ludictaduras
Ludictaduras
Las piezas artísticas que componen Ludictaduras plantean cuestiones como ¿quiénes diseñan nuestras ciudades? ¿Cómo se configuran los modos en que habitamos, vivimos y asimilamos la ciudad? Una plaza con árboles y bancos incita al juego, la conversación y a disfrutar el espacio. Un callejón poco iluminado, en cambio, puede generar miedo y grandes calles de aceras pequeñas y muchos carriles nos indican que es una ciudad para desplazarse en coche y puede quitar las ganas de caminar.
El videojuego Sola, de Agustina Isidori, invita a habitar la piel de una mujer caminando sola por la noche en la ciudad y a sentir su miedo. Visibiliza violencias sistémicas que, como lo social, están integradas en el propio urbanismo. Al fin y al cabo, quien diseña el plano diseña las formas en que interactuamos con él.
Si el diseño urbano condiciona sus usos, ahora se aprecia una progresiva digitalización de los espacios públicos y privados de la ciudad, lo que transforma de un modo más radical esta relación.
A través de una propuesta de futuro ludo-distópico de Keiichi Matsuda, Hyper-reality, se plantea una reflexión sobre cómo los videojuegos no sólo condicionan desde su inicio las formas que tenemos de relacionarnos con la tecnología, sino que también y cada vez más, mecánicas, estéticas y estrategias de los videojuegos se cuelan en otras facetas de nuestra vida, a través de la imposición de dinámicas lúdicas que manipulan sutilmente nuestra conducta y median las formas de habitar, transitar e interactuar con la ciudad y sus habitantes.
Con esta obra el diseñador y cineasta Keiichi Matsuda invita a hacerse preguntas como “¿Cuánto juegas cada día sin darte cuenta? ¿Quién decide cómo transitas la ciudad, Google, Waze?¿Somos avatares de los algoritmos de las grandes compañías que nos indican por dónde debemos caminar?”
La exposición invita a la reflexión sobre los modos de habitar la ciudad que estas ludictaduras nos proponen, asépticos, planos. En palabras de los comisarios, “la ciudad pierde grosor y profundidad, lo afectivo, la construcción colectiva del espacio desaparece en pos de la funcionalidad, donde llegar más rápido pesa más que disfrutar del recorrido más bonito. Una vez somos conscientes de que nos imponen ciertas reglas, podemos empezar a cambiarlas”.

